De alguna extraña razón, la ausencia de Vicenzo se notaba en el hogar de Sara. Ella no había podido dormir durante la noche. Daba vueltas una y otra vez meditando en la carta que él le había dejado.
«Eres una grandiosa mujer. Lo eres. No dejes que ningún hombre te haga sentir menos de lo que vales, porque vales mucho. Tu valor no se resume por tu condición, sino por tu corazón. Y tienes un gran corazón.»
Fuera de su familia, nadie más le había dicho ese tipo de palabras, lo que le removía todo