67. Pacto con el diablo
Isabella mantuvo la mirada fija en el camino hasta que sus nudillos blancos sobre el volante captaron su atención, el único indicio visible de la tormenta que rugía en su interior.
El semáforo cambió a rojo y ella pisó el freno con más fuerza de la necesaria, provocando que el cinturón de seguridad se tensara contra su pecho.
Los bocinazos detrás de ella se perdieron bajo el rugido de sus pensamientos, donde la imagen de Nathan se reproducía con cruel nitidez: sus manos sobre ese cuello ajeno,