61. A cualquier costo
La risa de Emma flotó hasta la habitación, despertando a Isabella. Por un momento se quedó inmóvil, saboreando el sonido que durante meses solo había existido en sus sueños. Otro estallido de alegría la hizo incorporarse y caminar hasta la ventana.
La escena en el jardín la dejó sin aliento. Nathan, vestido con ropa deportiva y una gorra que nunca le había visto, lanzaba una pelota al Husky, pero el perro, más interesado en el juego que en obedecer, zigzagueaba entre ellos provocando más risas.