127. La Caída
Nathan ajustó el espejo retrovisor. El dolor había disminuido, pero la marca permanecería para recordarle lo cerca que había estado de perderlo todo. Afuera, la lluvia golpeaba el parabrisas con furia, como si el cielo mismo presintiera lo que estaba por ocurrir.
Miró de reojo a Isabella, sentada a su lado en el asiento del copiloto mientras revisaba las noticias en su teléfono.
—Esto es grave —dijo, mostrándole la pantalla. En la imagen, mujeres hacinadas se distinguían con claridad dentro de