122. Coartada
Isabella abrió los ojos con los primeros rayos del sol. La habitación hospitalaria olía a antiséptico y a las rosas que Mario había dejado en un jarrón sobre la mesa auxiliar. Un rayo de luz se filtraba entre las cortinas mal cerradas, dibujando una línea dorada sobre el rostro dormido de Nathan.
Había pasado las últimas horas junto a la cama, con la mano entrelazada a la de él, como si ese contacto pudiera protegerla de la tormenta que se avecinaba.
Después de encontrarse con Walter, regresó a