112. Máscaras Caídas
Isabella llevaba cuatro horas en la misma incómoda silla del hospital, esperando noticias de Nathan. Detrás de las puertas herméticas del quirófano, su vida pendía de un hilo.
Las voces de médicos y enfermeras se difuminaban bajo el rugido de su propio pulso, hasta que el hospital entero perdió sentido.
En su mente, el tiroteo se reproducía sin cesar: Nathan interceptando la bala destinada a James, la sangre extendiéndose por su camisa blanca, los gritos atravesando el aire festivo.
Se levantó