Sin saberlo Ahmed, Mía le estaba devolviendo poco a poco las ganas de vivir, las que había perdido cuando pasó todo aquello.
Al otro día, Mía se despertó con un terrible dolor de cabeza, no recordaba lo ocurrido la noche anterior, el último recuerdo era de cuando estaba platicando con Ahmed al borde de la piscina, no tenía idea de cómo había llegado a su cuarto.
—¡No puede ser! Volví a beber.
Alzó la manta para asegurarse de que no había pasado lo mismo que la vez anterior, se dió cuenta de que