Capítulo 6

Ginevra Giovanni

La puerta fue abierta con fuerza, causando un estruendo en la habitación cuando chocó contra la pared. Mi mirada se dirigió a ella, encontrándome con cuatro hombres que entraban en la habitación, armas en mano y rostros serios. La mayoría de ellos eran fornidos, con tatuajes visibles en las partes descubiertas de sus cuerpos.

Uno de ellos, con ojos verdes y cabello rubio cenizo, se dirigió al Pakhan con una voz fuerte.

—Что, чёрт возьми, здесь произошло? (¿qué demonios sucedió aquí?)

El pakhan miró hacia él mientras se levantaba del suelo junto al hombre. 

— Они дважды пытались её убить. Я всё пытаюсь заставить её заговорить, но она, похоже, ничего не хочет говорить; итальянская преданность, понимаете. (La han intentado matar dos veces. Sigo intentando que hable, pero parece no querer decir nada; lealtad italiana, ya sabes.)

Fruncí el ceño, tratando de que no se notara que entendía lo que decían. Entonces, el hombre rubio miró en mi dirección y observó mi apariencia, desde mi labio partido hasta mis muñecas ensangrentadas, y negó lentamente.

—Ей требуется лечение; если хотите, я могу обработать её раны. (Debe ser tratada, si quieres, yo puedo encargarme de sus heridas) 

— Нет, никто ее не тронет. (No, nadie la toca.) —advirtió Pakhan, y tuve que contener una sonrisa que amenazó con cruzar mis labios.

—Saquen el cadáver de aquí, investiguen quién era y de dónde vino.

Dos de sus hombres tomaron al tipo del baño y lo sostuvieron para sacarlo de la habitación; otro de ellos detuvo el curso del agua en el baño y cerró la puerta al abandonar la habitación, quedando solo el rubio.

—Что вы планируете с этим делать? (¿Qué piensas hacer con ella?) —preguntó en un tono cuidadoso.

—  Я до сих пор не знаю. Я хочу знать, что она знает, но я также не хочу причинить ей боль; это не в моем стиле. (Todavía no lo sé. Quiero saber qué sabe, pero tampoco quiero herirla; no es mi estilo.)

El rubio asintió y comenzó a abandonar la habitación para dejarnos solos. 

—Dominik —lo detuvo el Pakhan—, mantenme informado de los movimientos de los italianos.

Diciendo esas palabras, miró en mi dirección y se aseguró de decirlo en un idioma que entendiera mientras su afilada mirada me cruzaba. Dominik asintió antes de irse y cerrar la puerta detrás de él.

La tensión en la habitación se volvió insoportable, un cable con un voltaje demasiado alto que podría electrocutarnos a ambos si nos atrevemos a jalar de él.

—Buscaré algo de ropa y nos mudaremos a otra habitación en la que limpien esta. No pienso ducharme ahí adentro. 

Dichas sus palabras, entró en el armario y, poco tiempo después, salió con un traje negro entre sus manos. Me indicó que caminara con él y, por primera vez, caminé en completo silencio a través de los pasillos hasta que nos detuvimos en una habitación con la puerta de color rosa. Al entrar, todo estaba decorado con colores pasteles y supuse que se trataba de la habitación en la que mantenía a sus queridas.

—Vaya, no creí que tuvieras una habitación para tus queridas.

—Es la habitación de mi hermana —me dejó saber mientras se adentraba en el baño—. Busca ropa en lo que salgo; tengo que trabajar y, aparentemente, no puedo dejarte sola ni medio minuto.

—No es culpa mía; no es que disfrute mucho de tu compañía.

—Esto está resultando ser un verdadero fastidio, haberte secuestrado. Yo tampoco me siento emocionado de estar cuidándote como si fueras una niña.

Pensé en responderle, pero comencé a escuchar el ruido del agua cayendo y preferí husmear en el closet para ver si encontraba algo acorde a mis necesidades. Solo encontré ropa roja y negra, muy diferente a los colores en la habitación. Pero, medianamente normal, si la habitación era realmente de su hermana, ella debía vestir esos colores, los colores de la mafia rusa.

Me decanté por un pantalón jean oscuro, una blusa negra y un suéter azul marino. Al mirarme en el espejo, casi me asusté con mi reflejo; estaba magullada, eso era cierto, pero había un brillo en mi piel y mi rostro, extrañamente reconfortante. No recordaba la última vez que me había visto de esa forma, con una apariencia tan relajada. Sin embargo, aunque no había podido dormir bien después de haber llegado a la casa del Pakhan, una versión de mí que había mantenido oculta estaba saliendo a la luz. Aquí no tenía miedo de que Giulia me encerrara en una habitación con dos de sus hombres para que me maltrataran y me bajaran la actitud a punta de violencia.

El Pakhan me sacó de mis pensamientos avisándome que había salido del baño. Con la ropa en mano, me dirigí al baño y cerré la puerta para desnudarme y sacar la sangre y la suciedad de mí. Mis muñecas me hicieron temblar de dolor ante el contacto con el agua, y respiré profundo para controlarlo.

Una vez limpia, me vestí y peiné mi cabello lo mejor que pude. Para cuando salí del baño, el Pakhan ya estaba vestido y con un botiquín abierto en la cama.

—Siéntate, hay que curarte las heridas. 

Sin protestar, me senté en la cama junto al botiquín. Él pasó un algodón cubierto de alcohol por la comisura de mi boca y siseé sin poder evitarlo. Luego colocó una pomada en la herida y continuó con mis muñecas. Las limpió, les puso medicamento y luego las cubrió de una forma clínica que me dejaba saber que estaba familiarizado con las heridas.

No lo dudaba; los hombres de la mafia estaban acostumbrados a verse heridos ante su uso innecesario de la violencia en repetidas ocasiones.

—Vamos a desayunar, se me ha hecho tarde para resolver algunos casos. 

En cuanto me puse de pie, puso una de sus manos en mi espalda baja y me guió fuera de la habitación, por los pasillos y luego hasta la escalera por la que habíamos subido la noche anterior. Podía escuchar ruido en todas las partes de la casa, desde las empleadas en un pasillo que hablaban en ruso mientras hacían sus labores, hasta el frente de la casa donde escuchaba la voz alta de hombres riendo y hablando en ruso.

Al llegar a la cocina, también escuché el murmullo, el cual se calló en cuanto entramos en el lugar. 

— Марта, пожалуйста, принеси завтрак в мой кабинет. И обед тоже принеси. (Martha, por favor lleva el desayuno a mi despacho. A la hora de la comida, también lleva el almuerzo) —me miró por un segundo — Во-вторых, у меня много работы. (Para los dos, tengo mucho trabajo que hacer.)

Luego del intercambio, salimos del lugar y los murmullos se reanudaron.

—Это она убила охранника, которого мы обезвредили некоторое время назад. (Ella fue la que mató al guardia que bajamos hace un rato.)

—Эта мелочь? (¿Esa cosita?) —cuestionó la mujer —Я думала, итальянские женщины только рожают и готовят. (Pensé que las italianas solo se dedicaban a parir y cocinar.)

Las risas resonaron en la cocina. 

—По всей видимости, она развлекалась другими вещами. (Aparentemente, esta se divirtió con otras cosas.)

— А боссу достается самый смелый. (Y justo le toca la más osada al jefe.) 

Nos habíamos alejado lo suficiente de la cocina, por lo que no pude escuchar más de su conversación. El Pakhan nos hizo pasar a una nueva habitación y me permití impresionarme por la forma de su despacho; era oscuro, con tramos de madera llenos de libros desde el suelo hasta el techo, y escaleras de madera en cada pared para acceder a los libros. Era simplemente hermoso. También pude observar varias armas puestas en exhibición, una de ellas era un revólver cubierto de oro rosa y diamantes como pedrería decorativa.

—Esa era de mi abuela —dijo al ver lo impresionada que estaba con el arma —Fue la Pakhan después de la muerte de mi abuelo, hasta que mi padre tuvo la edad suficiente para tomar el cargo. 

—Vaya, eso no es algo que se vea en la mafia italiana. 

—No, pero tu pareces ir en contra de eso.

Me encogí de hombros. 

—Usa los libros si quieres, duerme en el sofá, lo que gustes, solo no estorbes mientras trabajo. 

Le hice una pequeña reverencia y él rodó los ojos. 

—Como usted ordene, Pakhan.

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