Tragué saliva al escuchar las palabras de aquella loba; veía en sus ojos que realmente creía en eso, pero yo no era como ella.
—Me llamo Lena, y ella, la que te estaba cuidando, es Meg. Ella es una loba roja, por eso no habla.
Miré involuntariamente a Meg, quien bajó la mirada avergonzada.
Oh, pobrecita, pensé de inmediato. Los lobos rojos eran aquellos que nacían con alguna discapacidad que ni siquiera los genes de lobo podían combatir, y en el caso de Meg, era que no podía hablar. Pero me int