JANE
El hacha estaba clavada en su espalda y sus gritos cortaban el aire de la habitación.
Solté el hacha desesperada y miré a Marius, él todavía mordía el cuello del macho, tanta sangre, tanta. Los ojos de Marius estaban brutales, de un rojo oscuro, y por un instante no lo reconocí, era como si otro hubiera tomado su lugar.
Como si alguna criatura de las profundidades se hubiera apoderado de él, su expresión demoníaca me dejó paralizada durante unos segundos, hasta que me liberé de mi estupor