Una nueva vida al mundo.
—¡Derek, es hora!— gritó Alicia, su voz resonando con urgencia mientras una mancha húmeda se extendía por su ropa. La ruptura de la fuente había llegado sin advertencia, surgiendo en una carrera contra el tiempo.
Los médicos ya estaban en camino, llevando una silla de ruedas que parecía moverse más rápido que cualquier cosa en la sala de espera.
—¡Vamos, rápido!— instó Derek, siguiendo de cerca a los médicos mientras atravesaban los pasillos del hospital. El sonido de sus pasos resonaba en sus