El aroma del café flotaba en el aire, envolviendo la oficina con una calidez reconfortante. La luz de la mañana entraba por las ventanas, iluminando los rostros de Verónica y Emanuel, que se miraban en un silencio cargado de emociones.
Verónica movió su silla lentamente, un gesto automático mientras sus pensamientos se agolpaban en su mente. Emanuel estaba frente a ella, pero había algo en su mirada que la detenía, algo profundo, algo que la hacía sentirse observada de una manera diferente, con