El Pequeño Milagro de Agustín
Georgina llegó al sanatorio con la respiración entrecortada, aferrada con fuerza al brazo de Alberto. Sus pasos eran lentos y pesados, como si cada uno la acercara más al momento que tanto había esperado y temido a la vez. Cada contracción la sacudía con una intensidad que la hacía apretar los dientes, pero ella se mantenía firme, luchando contra el dolor. Verónica la seguía de cerca, con Emanuel a su lado, observando con asombro y preocupación cómo aquella mujer h