Ismael la miró con una mezcla de ternura y resignación.
—No me estoy alejando, Caro. Pero no puedo quedarme en el mismo lugar para siempre, esperando a que decidas si me necesitas o no.
Su voz no era dura, pero sí definitiva. Carolina sintió que las palabras le golpeaban el pecho con una fuerza inesperada. No podía retenerlo, y lo peor era que ni siquiera sabía si quería hacerlo.Pero quería gritarle. Decirle que no era porque pensaba que iba a tomar. Que no tenía miedo de eso. Ella sabía que