122. El amor verdadero
Carol
Mientras estábamos en el jet todo lo que hicimos fue dormir, la cama de la celda no era del todo cómoda y al llegar empezamos a avanzar cuanto pudimos en la planificación de la boda.
No puedo creer que me voy a casar.
—Veo que ya no estás tan casa, preciosa —me lanza una mirada coqueta de reojo—. Igual la planificación podría esperar, lo sabes ¿no?
—¡Este es un momento importante, Nick!
—Bueno ya —levanta las manos en señal de rendición—. A concentrarnos en nuestra boda, señora Lancaster.