123. Nadie nos conoce en realidad
Carol
Trabajo y más trabajo, ¿quién diría que unas horas en la cárcel y esto se saldría de control?
Me siento a un lado de Xime y ambas tenemos el portátil en las piernas, debemos seguir enviando mensajes y haciendo llamadas porque hay que arreglar todo lo que se salió de control en nuestra ausencia.
—Es la última vez que vas a prisión, ¿me escuchaste? Este lugar se ha vuelto una locura y solo porque ustedes no están.
—¿Ya te hartaste de poner a todos al tanto de lo que pasa?
—¡Por supuesto, Ca