Mientras el doctor Guerra y sus enfermeras le hacían una revisión a Lucas, Tania se mantenía muy quieta, apartada de ellos solo por algunos metros.
Los veía ceñuda, desde la distancia, con la parte baja de la espalda recostada de una camilla y los brazos cruzados. Sacudía una de sus piernas con nerviosismo.
El miedo y la preocupación la invadían y no podía evitar sentirse culpable. Estaba convencida de que la falta de memoria de Lucas era producto del veneno que ella lo había obligado a tomar e