Se reunieron en una casa ubicada en las afueras de Barcelona. Cambiaron de dirección por seguridad mientras se recuperaban de las heridas y evaluaban la situación.
El doctor Guerra envió un grupo de soldados para protegerlos. El hogar donde se refugiaron poseía amplios terrenos colindantes, no había vecinos en las cercanías, solo galpones desolados y sembradíos interminables.
—Los secuestradores se comunicaron conmigo —informó el doctor, un sujeto alto, robusto y de piel negra.
—¿Qué dijeron? —