La cabaña se había convertido en una burbuja de paz y amor para Tania y Lucas. No solo el calor de la calefacción los abrigaba, sus cuerpos ardían por culpa de las caricias y los besos.
Con pasos tambaleantes, Lucas fue llevando a su chica poco a poco a la habitación. La urgencia de su deseo, mezclado con el delicioso placer que ella le prodigaba, lo tenía al borde de la locura.
Cuando se amaban no pensaban en nada más. Sus sentidos se bloqueaban para centrarse en lo importante: la piel del ser