Más tarde, mientras estaban sentados sobre la alfombra de la sala de juegos, Meredith sostuvo el rostro de Liam entre sus manitas. Después le dio un beso.
Húmedo.
Torpe.
Completamente lleno de baba.
Liam permaneció inmóvil durante un segundo. Solo uno. Después cerró brevemente los ojos. Porque aquel gesto lo había tocado de una manera que muy pocas cosas conseguían hacerlo.
Sus dedos se deslizaron por el cabello de su hija.
—Te amo, princesita.
Meredith sonrió, como si hubiera entendido. Quizá