La garganta se le cerró. Cerró los ojos durante un instante, intentando contener el llanto. Pero era imposible. Entonces miró hacia la mesita junto a la cama. Y volvió a quedarse paralizada.
El collar.
El collar estaba allí.
El corazón le latió con dolor. Olivia lo tomó despacio. Sus dedos acariciaron el colgante de forma automática mientras las lágrimas empezaban a caer sin control.
—Te extrañé tanto... —murmuró con la voz rota.
La yema de sus dedos se deslizó por la rosa de los vientos grabad