Olívia la abrazó de vuelta con fuerza. Derrumbándose en aquel contacto.
—Mamá…
Detrás de ellas, Fabrício venía más despacio. Pero su estado preocupaba. El rostro pálido. Los ojos llenos de lágrimas. La respiración más pesada de lo normal. Cuando llegó cerca, no dijo nada. Solo abrió los brazos. Y las dos lo abrazaron.
Los tres. Juntos. En silencio.
Pero un silencio cargado de dolor.
Olívia se apartó un poco, con los ojos empañados.
—Perdóname… —dijo, con la voz quebrándose— perdóname…
Fabrício