Alex soltó el aire, irritado. Se pasó la mano por el rostro en un gesto breve, como si estuviera perdiendo la paciencia con tanta insistencia.
—No te estoy exigiendo nada —dijo seco, apoyando ambas manos en el escritorio e inclinándose ligeramente hacia adelante, como si quisiera zanjar el asunto ahí mismo.
Ísis asintió.
—Lo sé —dijo—. Pero yo insisto. —Respiró hondo—. Es mejor así. —Hizo una pausa. Y entonces su voz bajó un poco, más seria—. Y también vine a entregarte algo… que ya no tiene se