Francis no esperó a que sus padres respondieran, se dio media vuelta y dejó el lugar. Tampoco escuchó que alguno de los dos tuviera la intención de detenerlo. Salió del hospital y se dirigió hacia su auto, donde subió y permaneció varios minutos antes de arrancar el vehículo. El teléfono sonó justo en el momento en que se detuvo un semáforo. Atendió y lo puso en altavoz, colocándolo en un portamóvil.
—¡Hola mi amor! Me pasaste la dirección, pero no la hora de encuentro. Te lo pregunté, pero no