—Le pido que se quedé aquí, atenderán a su madre y le avisaremos cualquier eventualidad —espetó la enfermera y volvió a ingresar a la sala.
Desde ese momento pasaron cuarenta minutos hasta que lograron estabilizar a la madre, pero recomendaron que no hubiera nadie en la habitación, y que no podría tener visitas. Kimberley se dispuso a llamar a Francis para avisarle de la novedad.
—Hola mi cielo —respondió el joven desde el otro lado de la línea.
—Hola Fran —musitó la joven entre lágrimas.
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