El joven comenzó a caminar hacia donde estaba su prometida y giró la cabeza solo una vez solo para ver que sus padres se retiraban. Cuando llegó a la puerta de la habitación, tomó de la mano a Kimberley.
—¿Estás lista? —inquirió Francis.
—Sí —respondió con un suspiro.
—¡Oye! Pase lo que pase dentro, sabes que siempre me tendrás contigo. —La joven asintió.
—¿Qué pasa? ¿Vamos a entrar o no? —preguntó Misael.
—Por supuesto que sí, solo le daba ánimos a mami porque está nerviosa —comentó el joven.