CAPITULO 18: Corazón roto.
Mientras estaba sentada en el pequeño sofá de mi oficina, solo podía tener en mente cómo dejé la sala de juntas, sin decir nada más ante la mirada incrédula de Samuel y la de odio de su madre, pero ¿qué debía decir? Si no recibí apoyo de él, me sentía sola en ese momento y abrumada por lo que estaba pasando, y solo pensé en huir de ahí.
La oscuridad de la oficina me invadió y solo esperaba el momento en el cual Samuel entrara por esa puerta, y claro, no me equivoqué al escuchar el sonido de esta