—Isabella ya aceptó —dijo Valentina.
A Camila le temblaron los labios. Estuvo a punto de darle las gracias.
Pero ¿qué tenía que agradecerle?
Valentina era la amante de su esposo, y ahora hasta se había ganado por completo el cariño de su propia hija.
Le había quitado a las dos personas más importantes de su vida. ¿Encima tenía que agradecérselo?
Al final no dijo nada. Se limitó a extenderle la mano a Isabella.
—Vámonos.
Su voz sonó distante. Ya no tenía la dulzura de antes.
Isabella miró aquella