—¡Marisol! —el hombre pateó la puerta de la habitación violentamente, acompañando su acción con un grito estruendoso.
Ana frunció el ceño y sacó su teléfono, activando la cámara.
—¡Marisol! ¡Borra inmediatamente todo lo que publicaste! ¡¿Tienes idea del daño que me has causado?! ¡Si te has vuelto loca, vete a un manicomio, pero no me arrastres contigo!
La repentina aparición de Nicanor, después de tanto tiempo, hizo que el corazón de Marisol se encogiera, instintivamente colocándose frente a Lor