Gabriel tenía una figura esbelta. Con el saco del traje descansando sobre su brazo, el viento había alborotado ligeramente el flequillo sobre su frente, dándole un aire despreocupado y elegante que realzaba sus finos rasgos.
Javier apenas podía contener la risa mientras mantenía una expresión seria. Después de todo, había sido él quien orquestó este "encuentro casual" entre Ana y Gabriel. Ese simple "¡qué coincidencia!" era verdaderamente... brillante. No existía tal cosa como el destino – todo