La farmacia estaba casi vacía cerca de medianoche, haciendo que aquella voz sonara como amplificada. Ana la ignoró y terminó de ingresar el último dígito del PIN.
El sonido de la confirmación del pago irritó a quien había hablado. —¡Ana, te estoy hablando! —Paula intentó empujarla, pero Ana lo esquivó con un movimiento lateral. La miró con desdén: —Pensé que era un perro ladrando.
—¡Ana! —Paula, de temperamento volátil, se puso roja de ira. Llevaba un top blanco ajustado y una falda vaquera hast