—Estoy embarazada —estas palabras resumieron el silencio de la noche.
Lucía se sentó en el sofá: —El destino tiene sentido del humor. Cuando intentábamos, nada en un año. Y ahora que me divorcio, ¡sorpresa! —Se rió con amargura al ver el resultado. Por los síntomas, calculaba que tenía algunas semanas. Las náuseas que atribuyó a la gastritis cobraban sentido ahora.
Ana le sirvió agua tibia. —¿Vas a interrumpirlo o lo mantendrás?
Lucía, una mujer moderna y decidida, podría perfectamente criar al