Al llegar a la sala, sus dedos largos y delgados temblaban ligeramente.
Gabriel buscó en el cajón hasta encontrar un frasco de medicamentos, sacó cinco o seis pastillas y se las metió directamente en la boca.
Las tragó en seco, y después de unos minutos se sintió mucho mejor.
El reloj en la pared marcaba ya las cinco.
Afuera el cielo estaba completamente negro, sin poder ver ni siquiera media estrella.
Gabriel se sentó en el sofá de la sala, encontró su teléfono y abrió el chat con Javier.
[¿Vin