La mirada de Ana se posó en la última puerta, su corazón ya había adivinado que estaban en plena acción, quería fingir que no había escuchado nada, pero al segundo siguiente entrecerró peligrosamente los ojos.
—Gabriel...
¿Gabriel?
La voz femenina pegajosa despertaba infinitas fantasías, acompañada de jadeos roncos y profundos. Nicole, que reaccionó tarde, finalmente se dio cuenta de que parecía que habían interrumpido el momento íntimo de otras personas.
Su mirada incómoda vagaba por todos lado