Ana carraspeó suavemente.
Nicole alzó la vista, pero habló de algo totalmente fuera de tema: —Ana, ¿puedo subir las fotos que nos tomamos a mis redes sociales?
Después de todo, Ana era una streamer reconocida con más de cien millones de seguidores en internet.
Era necesario pedirle permiso.
A Ana le daba igual: —Haz lo que quieras.
Nicole publicó la foto con una sonrisa de felicidad.
Normalmente usaba las redes sociales como un diario personal, donde sus likes y comentarios venían de conocidos c