Al escuchar el nombre de Mateo tan repentinamente, Ana entrecerró ligeramente los ojos.
—¿Qué le pasa?
Fabiola guardó silencio por un momento, recordando el aspecto de su hijo al despertar, con una mirada compleja.
Después de un instante, dijo:
—Lo sabrás cuando lo veas.
No era que Fabiola no quisiera contárselo, sino que no sabía cómo explicarlo.
Al fin y al cabo, la degeneración de la memoria era algo demasiado desconcertante.
Los médicos habían dicho que no afectaba a su inteligencia, solo qu