Capítulo 297
La voz profunda y cálida de Gabriel resonaba en la sala.

La luz anaranjada iluminaba su hermoso rostro, sus largas pestañas proyectaban sombras, y su piel pálida lo hacía parecer un caballero vampiro de algún manga.

Las manos de Ana, sosteniendo el vaso de agua, transpiraban por el nerviosismo.

Asintió levemente, y en ese instante el ambiente se tornó íntimo y sugerente.

Justo cuando la temperatura comenzaba a subir, el timbre sonó insistentemente, dispersando la atmósfera que tanto había costad
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