El teléfono de Ana estaba en silencio. El celular vibró en su mano, y Mateo echó un vistazo rápido a Ana, quien estaba concentrada manejando.
Con nerviosismo, colgó la llamada.
—Contraseña: seis seises.
Ana recordó tardíamente que no le había mencionado a Mateo sobre la contraseña, y los números que salieron de su boca atravesaron completamente el corazón de Mateo.
Era como si miles de agujas de plata se clavaran densamente en su corazón.
Un dolor que casi lo sofocaba.
Antes, todas las contraseñ