Ana recordaba cómo hace tiempo, cuando estuvo al borde de la muerte por la gripe, Mateo se había mostrado indiferente. Tal vez para entonces ya no la amaba.
La emoción en los ojos de Ana inquietó por completo a Mateo, haciendo que cada palabra que saliera de su boca fuera como una feroz espina. —Ana, tú golpeaste a Fernando, ¡discúlpate ahora mismo!
Con esas palabras, la habitación quedó en un silencio sepulcral. Lucía retiró su mano del hombro de Fernando y se apresuró al lado de Ana.
—Señor He