Ana quería que la tierra se la tragara de la vergüenza. Tenía ese único defecto cuando bebía: le daba por morder a la gente. Anoche había estado drogada pero la verdad, no ebria, y aun así había mordido a Gabriel - no habría hecho nada más vergonzoso, ¿verdad? No lo sabía y tampoco se atrevía a preguntar - eso solo lo haría más incómodo.
Gabriel, temiendo incomodarla más, se retiró de forma discreta de la habitación, indicándole que saliera a desayunar cuando estuviera lista. Cuando escuchó la p