Tres días después.
Ana acababa de terminar su transmisión en vivo y estaba organizando el material que podría editar por separado cuando Tadeo apareció en su puerta.
El joven vestía el uniforme del colegio Terraflor, rebosante de juventud.
Pero su rostro mostraba una expresión afligida.
—Ana, tienes que ayudarme, por favor. Si no me ayudas, puede que no vea el sol mañana —suplicó Tadeo.
—Seguro que no quieres que me pase nada malo, ¿verdad?
Con una retórica exagerada, Tadeo expresó su difícil si