Lucía condujo a Ana al bar directo más prestigioso de Terraflor, donde evidentemente era una cara conocida.
Al entrar en el área privada, se encontraron con una docena de hombres alineados frente a ellas. Cada uno tenía un estilo diferente, pero todos compartían una belleza excepcional.
Ana permaneció en completo silencio mientras Lucía, con actitud relajada, la alentaba.
— Vamos, señorita Vargas, las dos hemos pasado por lo mismo. No hay que quedarse atrapada en el pasado. Elija los que más le