Toda causa tiene su efecto, y cada persona debe pagar el precio de sus palabras.
Ana siempre había creído firmemente en este principio.
"Ding dong..."
Sonó el timbre.
Tadeo llegó de visita con una montaña de snacks. Después de tanto tiempo conviviendo, Ana ya se había acostumbrado a su entusiasmo.
—Ana, no prestes atención a lo que dicen en internet. ¡Vamos a jugar videojuegos!
Los ojos del joven brillaban, dándole a Ana la impresión de estar frente a un golden retriever.
Bajo esa mirada, le res