Capítulo 266
Gabriel le extendió una invitación sincera.

Sus ojos negros eran profundos como remolinos.

Ana quedó paralizada por unos segundos, y luego, como si hubiera recibido una descarga eléctrica, desvió rápidamente la mirada.

Bajo su cabello negro, las puntas de sus orejas se habían enrojecido.

Conteniendo sus emociones, cerró los dedos mientras aparentaba indiferencia. No aceptó de inmediato, sino que dijo:

—Ya veremos, no sé si tendré tiempo ese día.

En dos o tres días más, Ana tendría que empezar a
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