Nora
No podía creerlo. Simplemente no podía. Era mi amigo, durante mucho tiempo me había conocido mejor que nadie y la noche que nos reencontramos le conté todo lo ocurrido. Realmente pensé que me entendía.
—Es mejor que te vayas —repiqué, me estaba hiriendo al escupir aquellas palabras cargadas de rabia y veneno—, estás diciendo cosas de las que más tarde te vas a arrepentir —. Me di la vuelta, dándole la espalda, sin embargo, Erin me tomó de la muñeca para impedir que entrase a la casa y la