Nora
—Nora…—Susurró Ares y pude ver cuánto le dolía. No era justo, porque Ares nos hacía muy felices y no merecía sufrir por alguien como Máximo.
Me moría de miedo y, por otro lado, era cierto que en ocasiones hubiese deseado compartir algunos momentos de la vida de mi hijo con su padre. Porque imagina que no había nada más maravilloso que vivir las pequeñas cosas con el hombre, con el que creaste un ser humano tan perfecto, como León. Sin embargo, las cosas, a veces, simplemente, no podían