Mundo ficciónIniciar sesiónCada músculo de su cuerpo se contraía y estiraba con las embestidas de sus caderas, el sudor goteaba de su frente y caía sobre los senos que se balanceaban como si fuesen una deliciosa gelatina. Los gemidos y jadeos que escapaban de los labios gruesos y rojizos de la mujer calaban profundo en sus oídos, mezclados con los balbuceos apenas entendibles.
—Santi, fóllame más duro —pidió la mujer.
Santiago agarró las







