Mundo ficciónIniciar sesiónMe recibe con el rostro inclinado hacia la derecha. Luego, me deja pasar en el pequeño espacio que hace de su casa con el cabello revuelto a lo alto de su cabeza. Mantiene un libro viejísimo abierto en la mesa, que cierra en el instante que me invita a sentarme.
—¿A qué debo esta sorpresa?
El tono dulce en la ronquez de su voz es suficiente como para que me derrita.
—¿No puedo visitarte, Eva? Pensé que me amab







