—Nathan Malory—
Hoy había amanecido un día hermoso, ya la primavera estaba terminando y empezaba a entrar a paso firme el verano…
— ¡A levantarse mi buen doctor!
Me daba ánimos como todos los días, aunque este último tiempo, mi cuerpo se estaba poniendo rebelde. Me di una larga ducha, luego arreglé mi barba y lavé mis dientes.
Limpio el espejo y me veo, en mi pecho esa cicatriz que me mantiene día a día recordándome que vivo gracias a la buena voluntad de otro que no pudo seguir en este mundo.