Dante miro hacia el techo.—¡Cállese! –le repitio él.
–¿Usted y qué ejército van a mantenerme callada? –replicó Allegra, poniéndose muy recta.
–¿Qué quiere? –le preguntó Dante a su jefe de seguridad, como si ella no estuviese allí.
–Le sugiero que hablemos del tema en su despacho –respondió Roberto Marino jefe de seguridad.
–Siento haberle insultado –mintió Allegra haciendo un esfuerzo con la esperanza de ganarse la posibilidad de una conversación –. No tenía que haberlo hecho...
–Ha sido muy g